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Soneto
Manuel Justo de Rubalcava
19
Cuando risueño se levanta el día se agrava con las horas mi tormento y crece de continuo el sentimiento cuando cae la noche oscura y fría: lejos de la quietud y la alegría descanso busco, pero no lo siento, porque si es que reposo algún momento es cuando me desmaya la agonía Vuelve otra vez el día congojoso y me encuentra del modo que me deja, despierto sin alivio ni consuelo, tú Roselia, procura mi reposo, no renueves la causa de mi queja, haz porque mude de semblante el cielo.
Mi padre
Félix Etchegoyen
19
Era mi padre como el pan de bueno, y por el pan luchó con valentía; que era vasco francés, bien lo decía su frente altiva y su mirara sereno Desde niño, encontré en su amante seno más calor que en la luz del mediodía; en sus consejos, infalible guía; y en su saber, a mi ignorancia un freno. Fue su morir cual su vivir austero, pues besando a sus hijos y a su esposa, cerró los ojos sin decir: ¡me muero! Descansa en paz en tu modesta fosa que si en el mundo hay algo verdadero, es tu memoria cual ninguna honrosa!
El río de Cosamaloapan
Manuel Carpio
19
Arrebatado y caudaloso río que riegas de mi pueblo las praderas ¡quién pudiera llorar en tus riberas de la redonda luna al rayo frío! De noche en mi agitado desvarío me parece estar viendo tus palmeras, tus naranjos en flor y enredaderas, y tus lirios cubiertos de rocío ¡Quién le diera tan sólo una mirada a la dulce y modesta casa mía, donde nací, como ave en la enramada! Pero tus olas ruedan en el día sobre las ruinas ¡ay! de esa morada, donde feliz en mi niñez vivía
A Núñez de Arce en su coronación – I
Manuel Reina
19
Un genio ardiente, un alma vengadora reclama ya la universal conciencia: brilla el cinismo, triunfa la licencia, y la maldad se yergue vanidosa. Falta un genio de voz atronadora que maldiga del mundo y la imprudencia, reduzca al ambicioso a la impotencia y arranque tanta máscara traidora Un genio, sí, de frente inmaculada que convierta su pluma de diamante en látigo de fuego o recia espada; y que ostente en su espíritu radiante de Tácito, la cólera sagrada y el estro airado del terrible Dante
Los carboneros
Lisímaco Chavarría
19
En un hogar medio salvaje, en una guájara triste al páramo vecina tiene Juan Chunche, que carbón cocina su rancho allí, donde se ahumo su cuna La lluvia desdeñando paramuna de frailejón pirámide hacina; y hosco y glacial como la usual neblina ve prosperar su arracachil fortuna La india, Censión, cantando una letrilla, el chinchorro de junco zarandea do el indio infame se esparranca y chilla; mientras, baquiana en múltiple tarea, de un chamizo revuelve con la horquilla el tiesto de habas que al fogón totea
Canción de la humana esperanza
María Alicia Domínguez
19
No todo está perdido, pues nos queda la luz de este crepúsculo morado, el viento de la tarde en el sembrado, algún racimo , el sol tras la arboleda Somos felices mientras que se pueda mirar el fuego vivo de un dorado mundo sobre las sombras derramado No todo está perdido; algo nos queda Verdad que no oficiamos en el ara del templo idealizado aquella cara religión que en silencio es nuestra y arde No es la tierra lugar propicio al vuelo Pero, ¡cómo nos va llevando al cielo este lento morirnos tarde a tarde!
Los celos
Domingo del Monte
19
Son los celos, Belinda, infierno ardiente de odios, rabia, rencor y cruda ira: ¡infelice del hombre que los mira, cual yo, en su pecho, y sus furores siente! No entonces, ¡oh Belinda! tiernamente mi perdida razón tu gracia admira: entonces te detesto, y no respira más que venganzas la ofuscada mente Bárbaro entonces, con puñal recibe tus miembros bellos con placer rasgara, tu corazón buscando aborrecible Estos los celos son: si no probara el amado tormento tan temible, ¿cuál dicha a la de amor se comparara?
Sin pensar en canas
Nicolás Arnao
19
Aunque en olvido involuntario a veces me siento joven sin pensar en canas, y detrás dejo muy tristes y lejanas mis primaveras grata, sin dobleces De amarga copa mundanal las heces recuerdo en horas, al correr livianas, cuanto de falsas diosas o paganas recogí incienso del amor con creces Luego sucumben lejos y despiertas, atrás del muro que traspuso el paso, las ilusiones pálidas o muertas, como blancas palomas al acaso que vuelan en montones, pasajeras, quebrando ramas al pasar ligeras.
Soneto
Emilio López Domínguez
19
Olvidarte jamás; si tú imprudente despreciaste mi amor, yo te perdono; gigante lucho con el rudo encono con que haces mofa de mi amor creciente Hoy que ya mi dolor marca en la frente las huellas de tu mísero abandono, en mi pecho por ti levanto un trono más puro que la luz del sol naciente No te puedo olvidar; y si mañana implacable la muerte me arrancase del pecho esta pasión que crece pura, quisiera que una flor, cual tú galana y puesta por tus manos adornase la piedra de mi humilde sepultura
Nuevos dones
Nicolás Arnao
19
Soberbias rimas escribir quisiera, hallar otras ideas, nuevo tema, poner muy alto mi pendón y lema, dejar la senda pisoteada y huera. Dejar la imitación falsa o rastrera, la vil adulación que al labio quema; y en estrofas urdir mi estratagema como el guerrero tras la audaz trinchera. Pero el adverso hado ha preferido, demoliendo mis gratas ilusiones, al estar dicho todo y repetido, que no ahueque la voz en mis canciones; reservadas a un estro revestido de homérico raudal y nuevos dones
El caballo
José J. Villa
19
Echando espumarajos por la boca, sueltas las riendas y la crin tendida, con dos ascuas por ojos, lleva erguida la audaz cabeza en su carrera loca Cruje la tierra que su planta toca; doblégase la yerba estremecida; y él, resoplando, en la veloz huida parece un dios que la tormenta evoca Ya rebrame el cañón en las alturas, ya alumbre el sol o rujan los ciclones, fantasmas por colinas y llanuras, o entre nieblas fulgor de exhalaciones, allá va como el héroe denodado, intrépido, valiente, desbocado.
Mi lira
Manuel del Palacio
19
En cada corazón hay una lira, cuya voz nos aflige o nos encanta: cuando la pulsa el entusiasmo, canta; cuando la hiere la maldad, suspira. Ruge al contacto de la vil mentira; el choque de la duda la quebranta, y al soplo del amor y la fe santa himnos entona con que el mundo admira Yo la mía probé, y estoy contento: ¡Bendito tú, Señor, que me la diste templada en la bondad y el sentimiento, y las cuerdas en ella no pusiste del necio orgullo, del afán violento, del odio ruin y de la envidia triste!
Sobre mi tumba
Juan de Dios Peza
19
En ti no caben ni desdén ni olvido; en tu celda distante y solitaria me das una oración ferviente y diaria; ¡Unico don que para mi te pido! Y hasta mi hogar desierto y escondido llega el suave rumor de tu plegaria, aroma de la tierna pasionaria que ha ganado el altar y yo he perdido Ora siempre por mi, mi bien amado, que en esta vida deleznable y dura, ¡Tú eres sierva de Dios, yo del pecado! Y que digan al ver mi sepultura: ¡Yace aquí un pecador que fue salvado por la piedad filial de un alma pura!
Año nuevo
Nicolás Arnao
19
Sentado en el umbral el Tiempo espera que en su torre la esquila de la hora, para expulsar al año que devora, y al nuevo acariciar en la ancha esfera Así aparece la ilusión primera del labriego que aguarda nueva flora, y el canto de las aves lo enamora, y la hermosura de su compañera Mas la vida en un soplo se despoja y se secan los gajos y las flores y miramos caer hoja por hoja, los mazos de esperanzas y de amores Que usar no es dado cabellera cana si peina rubias trenzas la mañana
A Pepa
Felipe Pardo y Aliaga
19
Dulce de tus ojuelos es la llama; dulce tu hablar, tu aliento y tu sonrisa, cual del jardín la perfumada brisa que la atmósfera templa y embalsama Si es que te ofende, ángel de amor, quien te ama de tu alma encantadora la divisa no en tu frente hagas ver, clara y precisa, ni en el carmín que tu mejilla inflama ¡Oh! ¡Pepa hermosa! ¡Sólo a ti te adoro! Sé que otro más feliz supo agradarte, y de tu corazón ganó el tesoro. ¿Y qué haré yo? Me bastará el amarte ya que a mi amor corresponder no puedes Pero no se lo digas a Mercedes.
La pérdida
Primitivo Cordero Leiva
19
Así fue como, aquella ocasión, nos amamos Sin rogarnos cariño, sin pedirnos pasión; es lo cierto, que juntos dulcemente soñamos, con un nido amoroso para cada ilusión. Transcurrió aquel momento tan fugaz y vivido Nunca más hemos vuelto a enfrentarnos los dos Aun conservo tu imagen y aun escucho el chasquido de tus besos febriles y tu último adiós Y presiento que cruzas soñadora y perdida, a través del penoso vía-crucis de la vida, y murmuro tu nombre en silencio profundo. Y al lanzarme a la calle a buscarte tal vez, ¡voy mirando los rostros, voy pidiéndole al mundo que me indiquen las huellas que dejaron tus pies!
A una coqueta
Indalecio San Román
19
Creísteme sin duda mentecato viéndome tras tu amor correr inquieto, y a fe que me pusiste en tanto aprieto que hasta me hiciste en los tejados gato Diste a mi tierno amor tan duro trato que aunque con vida estoy, soy esqueleto, pero antes de morir mi dulce objeto conseguiré según por él combato En el garito has de caer pues noto que ya tu corazón está de luto viéndome en este mar tan buen piloto. Quien siembra cogerá buen o mal fruto, dulce ha de ser el mío y no remoto pues aquel mentecato se hizo astuto.
A un plagiario
Rafael María Baralt
19
Tranquilízate, amigo, tus escritos libres están de crítica y censores; pocas habrá de clásicos autores quien, docto y fiel, no los aplauda a gritos Conviene de buen grado los peritos en llamar a tus versos lindas flores y añaden que recuerdan sus olores a nuestros padres del Parnaso invictos Yo de mí sé decir que a Garcilaso León, Rioja, en tus escritos veo y también a la estrella sin ocaso Divino Herrera, el hispalense Orfeo, ¿Mas que mucho bribón, si a cada paso sus versos copias y sus versos leo?
En la muerte de Mariano Fortuny
Manuel del Palacio
19
¡Maldito, Roma, el ponzoñoso ambiente, pérfido aborto de tu estéril llano, que una vez más del genio soberano llegó a nublar la poderosa frente! Hieras en buena hora la indolente pálida sien del abatido anciano, del rico prócer el cerebro vano, del necio audaz la conturbada mente Mas ¡ay! que no fue así Cayó el atleta, el artista sin par, el que tenía la inspiración a su pincel sujeta; y ante el recuerdo del infausto día, triste el amigo, atónito el poeta, sólo sabe llorar el alma mía.
Idilio salvaje – VI
Manuel José Othón
19
¡Qué enferma y dolorida lontananza! ¡Qué inexorable y hosca la llanura! Flota en todo el paisaje tal pavura, como si fuera un campo de matanza. Y la sombra que avanza avanza avanza, parece con su trágica envoltura, el alma ingente, plena de amargura, de los que han de morir sin esperanza. Y allí estamos nosotros, oprimidos por la angustia de todas las pasiones bajo el peso de todos los olvidos En un cielo de plomo el sol ya muerto; y en nuestros desgarrados corazones ¡el desierto, el desierto y el desierto!
Rosa
Manuel María Flores
19
Dulce cantora de Ayomac, levanta, al suave ritmo de tu lira de oro, de tu almo verso el revolar canoro y como el ave en la enramada, canta. Voz de pasión, en femenil garganta, ya que tiemble feliz en un te adoro, ya que se moje en escondido lloro, al son de un arpa cual la tuya, canta. Así como la aurora entre la flores va esparciendo sus gotas cristalinas, de esa tu arpa derrama los primores en tantos corazones que fascinas y olvida entre el aplauso y sus loores que eres Rosa y te cercan las espinas
A Simón Bolívar
Rafael María Baralt
19
Él fue quien fulminando el hierro insano recorrió de Colón el ancho mundo, dejando en pos de sí surco profundo, de gloria y triunfos su potente mano Truena su voz del uno al otro océano y libertad en manantial fecundo brotó la tierra que secó iracundo el hado injusto del valiente hispano Cinco naciones, que formó su espada, sacra aureola de perpetua lumbre a la radiante frente le ciñeron. Y al ver la antigua afrenta ya vengada de los soberbios Andes en la cumbre las sombras de los incas sonrieron
A un agitador – I
Gaspar Núñez de Arce
19
En vano mueves la opinión, y en vano tu palabra de fuego centellea Para que llegue a germinar la idea que arrojaste en el surco, aún es temprano Fundiendo el tiempo en el crisol humano razas y tribus, la naciones crea ¿Hay, por ventura, alguna que no sea lenta labor de su invisible mano? Por más que ceda a la presión del hecho, no sacrifica un pueblo dócilmente su fe, su tradición y su derecho Y cual río caudal, cuya corriente cambiando avanza por su antiguo lecho, siempre es el mismo y siempre diferente
Al vino «Abolengo» de las bodegas de Misa (Jerez)
Pedro Antonio de Alarcón
19
¡Deténte Pasajero! Aquí reposa el Adán de los vinos jerezanos, padre de tantos ínclitos ancianos como duermen en torno de su fosa ¡Enterrado está el sol bajo esta losa! Pero no se lo comen los gusanos, sino que vida y alma los humanos aun piden a su llama generosa «Abolengo» se llama aqueste vino, y en cada gota concentrado encierra de mil generaciones el destino Si las cuitas del mundo te hacen guerra, cátalo media vez, ¡oh peregrino! y jurarás que el cielo está en la tierra.
Soneto
Mercedes de Velilla Rodríguez
19
Una flor de azahar me diste un día, que ya perdió su aroma y su hermosura: para siempre murió cual mi ventura; marchita está cual la esperanza mía. Sobre su cáliz lágrimas vertía, lágrimas de dolor y de amargura: vertí llanto de fuego en mi locura, y mi llanto tal vez la abrasaría. Y al recordar que un tiempo ya perdido bella y lozana embalsamó el ambiente, mi pobre corazón lanza un gemido ¡Ay! lo recuerda con pesar mi mente: también un tiempo venturosa he sido, y el desengaño marchitó mi frente.
Largueza
Manuel del Palacio
19
Madre nuestra es la tierra, y nunca ha sido quien no imita a su madre un hijo bueno; todo cuanto hay en su fecundo seno está para nosotros prevenido La flor hermosa el fruto apetecido, el dulce manantial, el bosque ameno, el patrio albergue de delicias lleno, la tumba, precursora del olvido. Avaros, ¿qué guardáis? ¡poder, riqueza, inquietud, ambición! ¡delirios vanos! la vida acaba y la verdad empieza. Dios pide amor y aplauso a los humanos ¿Quién ama lleno el pecho de vileza? ¿Quién aplaude con oro entre las manos?
En el segundo centenario de D. Pedro Calderón de la Barca – V
Numa Pompilio Llona
19
Yo vi, también, undosa catarata que desde cumbre de eminencia suma precipitaba, entre fragor y espuma, sus lienzos de cristal, de luz y plata; y mientras que el peñón do se desata coronan hielo y misteriosa bruma, el trópico, en el fondo, la perfuma con floreciente primavera grata Tequendama de fúlgida armonía, así tu majestuosa poesía desciende desde místicas regiones; y, al caer de la tierra en la llanura, de flores bordan su corriente pura la esperanza, el amor, las ilusiones.
GRITO DE ALERTA I
Fernando María Guerrero
19
Ama lo amargo y lo duro que entraña la vida humana, y no haya en ti, en lo futuro, transacción con la nirvana. Saca tu fe del obscuro rincón de abulia y desgana y haz de ella fruto maduro para tu hambre de mañana. El sol que te queme el músculo te hará, en la lucha, más hombre y tu hogar más claro y fuerte; y así en el final crepúsculo de tu existencia, tu nombre será luz sobre la muerte.
Corona fúnebre
Manuel del Palacio
19
¡Amo, cantó, pasó! grato destino que más que compasión envidia inspira de quien, teniendo un alma y una lira, para cantar y amar al mundo vino No sentir de los celos lo mezquino, la hiel del odio el fuego de la ira; correr tras esa mágica mentira que nos borda de flores el camino ¡Tal fue su vida! Regalado sueño, dulce ilusión, magnífica ventura de un ser a quien el orbe era pequeño; y al remontarse a la celeste altura, dejando de reinar, volvió a su dueño el cetro del ingenio y la hermosura!
Sonetos – II
Melchor Palau y Català
19
Veo surgir de tu fecunda mano, a que tantas creaciones son debidas, la Unidad de las fuerzas conocidas, que la vetusta alquimia buscó en vano; como para tu genio todo es llano, das cima a las ideas concebidas y el mundo verá en mármol convertidas, arduas conquistas del saber humano. La unidad celular Heckel proclama, por la unidad de un Dios con entereza van mártires cristianos a la llama; uno es el Arte, otra es la Belleza, uno es el hilo que la vida trama y una, en su variedad, Naturaleza.
Gustavo Adolfo
Mercedes de Velilla Rodríguez
19
En la margen del Betis murmurante, donde expira, entre flores, la onda inquieta, en monumento digno del poeta, su hermosa estatua se alzará triunfante. El sol le ofrecerá nimbo radiante; sus perfumes, la rosa y la violeta; la aurora, el beso de su luz discreta; el crepúsculo, brisa refrescante. Traerá la noche espíritus y hadas, visiones de Leyendas peregrinas que poblarán las verdes enramadas La alondra y las oscuras golondrinas cantarán, al lucir las alboradas, las Rimas inmortales y divinas
EL varón constante
Manuel Justo de Rubalcava
19
Cuando el tiempo feliz desaparece el constante varón jamás declina, entero en los aprietos de su ruina con rostro serenísimo aparece Firme si airado el cielo se oscurece, igual si muestra el sol su luz divina, ni el bien de la esperanza le alucina, ni el temor de los males le entristece. Si caen sobre de él las altas cumbres las soporta con ánimo constante, venciendo las mayores pesadumbres: Y aunque trueque la suerte de semblante, de estado mudará, no de costumbres, al mismo que antes era semejante.
Para unas rosas
Carlos Póo Urbach
19
Rosas que el rosa tenue de senos virginales mostráis, y la clausura del tiesto cristalino ornamentáis con tono de lampo vespertino o fugitivas luces de cielos otoñales Espirituales rosas que a las espirituales contiendas amorosas unís vuestro destino, poniendo en las mejillas rubores, y en el vino de amor de rojas bocas los hálitos sensuales En el fecundo huerto del corazón nacidas las rosas del ensueño, dobléganse rendidas al alma de las rosas que en el salón divaga, y dulces rendimientos el corazón presume en la embriaguez suprema que emerge del perfume y el resplandor de rosas que la pupila embriaga.
Celos
Mercedes Matamoros
19
¡No me nombres jamás a otras mujeres! Yo no anhelo saber si tus hermosas sílfides son, o se parecen diosas Las odio a todas porque tú las quieres ¡Cállate, por favor! No más alteres mis sombrías pasiones silenciosas; cual furias del Averno, tumultuosas se alzarán contra ti, si me ofendieres! Mas perdona ¡Oh, dolor! Yo bien ansío doblar el cuello como dulce oveja, y tras el golpe, acariciar tu mano! ¡Pero dueña no soy de mi albedrío! ¡Quien manda en mí, y el crimen me aconseja, es sólo el corazón, el gran tirano!
Tu mirada
Francisco Javier Ugarte y Pages
19
Ciego quise saber lo que es la vida, lo que tiene de goce y de tormento Pero en vano aguijé a mi pensamiento, en carrera veloz, suelta la brida. Justo es, Señor, que mi ceguera impida calmar mis ansias, infundirme aliento, si no alumbras mi oscuro entendimiento y confortas mi fe desfallecida Como el sol, tras la noche tenebrosa, a la sierra y al valle da colores, trinos al ave, galas a la rosa, luz al espacio y al ambiente olores, baje a mí tu mirada luminosa y mis dudas disipe y mis temores.
EL KUNDIMAN
Fernando María Guerrero
19
Tagalo Kundiman, Kundimán de versos de amores que, en los plenilunios, prefieres tu vuelo tender: tus suaves estrofas que lloran ocultos dolores, dicen la nativa tristeza del atardecer. Tienes el aroma de nuestras edénicas flores y el ritmo y el mimo de un beso ideal de mujer, y resumes toda la queja de los soñadores de mi pobre raza sujeta á un extraño poder. Fuiste la delicia de nuestros difuntos abuelos; asnos en el tiempo presente un dulzor de consuelos que son para el alma cual riego en muriente jardín; y serás mañana de toda una raza la gloria cuando, con tu música, su toque marcial de victoria dé á los cuatro vientos un libre y sonoro clarín....
Soneto escrito para ser grabado en la tumba de mi
Rosario de Acuña
19
Piedra, que serás polvo deleznable, pues todo al paso de los años muere, mi pensamiento en su amargura quiere fundirse en lo que guardas implacable Alcanza en lo infinito y no le es dable darse a la muerte si el dolor le hiere, que el pensamiento en su amargura adquiere una fuerza vital imponderable En los abismos de la muerte hundido está mi padre, luz del alma mía, y aún más allá del polvo y del olvido. Más allá de mi noche eterna y fría concibo su recuerdo bendecido y la esperanza de encontrarle un día
El mejor sermón
Francisco Javier Ugarte y Pages
19
Martes de Carnaval A paso lento recorrió la ciudad, entre el ruido de la turba y con ella confundido un fraile demacrado y harapiento Al volver, mudo y grave, a su convento, el lego preguntóle sorprendido: -¿No dijo su merced que hemos salido a predicar? -Y consumé el intento ¡Vaya un sermón el que hemos publicado!, el fraile replicó: -Nuestra presencia ¡a cuánto pecador habrá angustiado! ¿Quién no escucha la voz de la conciencia, cuando llama a la puerta del pecado, en medio del placer, la penitencia?.
IN MEMORIAM
Fernando María Guerrero
19
Poeta, periodista y laborante, con algo de genial misantropía, sembraste ideas al claror del día creyendo en la cosecha rebosante. Tu. humildad fue tu hermana más amante y tu novia tu atroz melancolía; pero tu numen lírico sabía cristalizar su luz como el diamante. Patria y amor, antorchas de tu senda, pusieron sus divisas en tu tienda y en tu frente sus besos estivales. Duro te fue el Amor, pero tus labios cantaron, al Amor, borrando agravios, sus póstumas estrofas inmortales»
De la comedia Los amores de Alarcón – Villamediana - Escena séptima
Alfredo Chavero
19
Si por virtud, Jusepa, no mancharas el tálamo consorte del marido, otra Porcia de Bruto hubieras sido, que sin comer, sus brasas retrataras. Mas no es virtud el miedo en que reparas, por la falta que encubre tu vestido; pues yo sé que sin ella fueras Dido, que a tu Siqueo en vida difamaras llames castidad la que, forzada, hipócrita, virtud se representa, saliendo con su capa disfrazada. Jusepa, no eres casta; que si alienta contraria fuerza a tu virtud cansada, es vicio la virtud cuando es violenta
Ayala
Darío Céspedes
19
Cayó el atleta, el numen castellano, gala del arte y poderosa égida; y hasta el mortal cruel de su caída asombraba su aliento sobrehumano. Luchó sin tregua contra el vulgo vano serenó el corazón la frente erguida, y siempre de la hostil acometida triunfaba con desprecio soberano Ni honores quiso, ni buscó fortuna, belleza varonil, gigante intento lanzaron en la escena y la tribuna la luz de su preclaro entendimiento; su fin honró la majestad de cuna; era su majestad la del talento.
A don Adelardo López de Ayala
Antonio García Gutiérrez
19
¿De qué celeste Numen alcanzaste, ¡gloria del suelo en que rodó tu cuna!, el alto ingenio que al saber se aduna como la perla al generoso engaste? Poeta y orador, raro contraste de varias dotes, con igual fortuna en el templo del arte, en la tribuna, espléndidos laureles conquistaste ¡Pero nos deja ya! Dios me es testigo de que aceptara inútil el anciano, partir ya solo a caminar contigo Pero ya que mi ruego ha sido en vano, te despiden el vate y el amigo, y ambos te dicen: «¡Hasta luego, hermano!»
Homero
Carlos Póo Urbach
19
Un gigantesco cíclope simula cuya espalda no encorvan las edades, y aun su lira de bronce a las deidades con sus estrofas clásicas adula El regio canto que épica modula estremece las ruinas de ciudades muertas, o en las celestes soledades a los dioses proscriptos estimula Supremo forjador de eterna joya, émulo poderoso de vestiglos, yérguese excelso en inmortales bregas. Y el resplandor magnífico de Troya apagóse en la bruma de los siglos cuando aun refulgen sus pupilas ciegas!
«Pulcherrima dea»
Manuel José Othón
19
Del mar de Chipre en la rosada orilla, blonda, a través de transparente bruma, aparece flotando entre la espuma de Citeres la virgen sin mancilla Es blanca la color de su mejilla como del cisne de Estrimón la pluma, viste el fulgor de la Belleza suma y de las Gracias la expresión sencilla. Extático el Olimpo adora en ella y se siente feliz De polo a polo un himno Pan enamorado entona. Toca en la playa la gentil doncella, y a su palacio de marfil Apolo la lleva y ciñe con triunfal corona.
A ti
Carmelo Calvo Rodríguez
19
Juntos desde la aurora hasta el ocaso, que se avecina ya, de nuestra vida, juntos llevamos nuestra cruz querida con fe creciente y con valor no escaso Juntos bebimos en el mismo vaso del placer y el dolor igual medida, y juntos a la meta apetecida llegaremos los dos con firme paso Esperanzas y amor, penas y duelos nos unieron en vida de tal suerte que sólo pido a los divinos cielos que al romper de esta vida el lazo fuerte libres las almas de mundanos velos, se junten tras las sombras de la muerte
La divorciada
Rosario («Crisantema») Sansores
19
Ella no recuerda qué fútil motivo provocó la nube de la tempestad; él, con su carácter brusco y agresivo, no de daba cuenta de su ingenuidad Uno y otro día tuvieron querellas; Diana coqueteaba con su amigo Óscar; él tuvo queridas costosas y bellas ¡Llegaba muy tarde, cansado, al hogar! Y surgió el disgusto Los dos obcecados, pusieron en manos de sus abogados todas esas pruebas que llevan al fin Seis meses más tarde la coqueta Diana recorre las calles de la vieja Habana buscando aventuras que maten su esplín
Idilio
Manuel Lozano Casado
19
Acércate, mi bien; bajo el sombraje que forma en tu balcón la enredadera, veremos como agita la palmera el luciente verdor de su plumaje, y el sol que entre el brumoso cortinaje surge como fantástica quimera, en tanto, que lamiendo la ribera, el agua remurmura entre el boscaje Quiero encender mi espíritu en la llama que despiden tus ojos, mientras ama el sol a la natura y a las cosas: quiero besar tus labios encendidos, mientras cantan las aves en sus nidos, y se besan las brisas y las rosas.
Soneto
Francisco Modesto de Olaguibel
19
No castas hermosuras ni rostros de princesa, ni ojos donde brille la luz de la ilusión satánicas beldades, perfiles de faunesa, y trágicas pupilas de ángel en rebelión. No bocas ideales de sonrosada fresa en donde tiemble el ósculo gentil de la pasión Boca sensual y lúbrica que muerde cuando besa con labios encendidos, -flores de tentación- Amores ardorosos, vibrantes y soberbios de donde brote el canto sonoro de los nervios, hechos de fibra y fósforo, de médula y de luz Y sea nuestra musa como un súcubo pálido que ahogue nuestras vidas entre su abrazo cálido mientras sucumbe el Sueño clavado en una cruz
VIII
Francisco Lles
19
Hastiado de vivir a veces salgo de mi abotargamiento sensitivo, donde se encuentra el corazón cautivo, y en la Quimera, como un Dios cabalgo Y llego a los países de la nada, abro los ojos en la turbia esencia, y veo, en realidad de mi conciencia sin instintos, la génesis negada Pero al retorno, acá, donde la Vida corre como encantada de su norma, en las leyes de bronce que la rigen, descubro, a mi pesar, esa querida obsesión subjetiva de la forma y el dolor milenario del Origen
Voy a encontrar la vida...
Francisco González Guerrero
19
Dejo mi alma dormida Yo voy a la Aventura cabalgando este potro que me dio la ilusión; no importa que allá lejos, donde la selva oscura se encuentre un dolor nuevo o un vida mejor Quizás me den sus mieles los frutos de amargura; tal ve un panal de oro se purifica al sol; tal vez, gimiendo el santo fatal de la Locura, halle, al fin, el camino de la paz interior. La llave arrojo del jardín de mi pasado y en el bosque de antaño dejo el alma dormida: ya tengo otra alma, nueva, ebria de juventud... Después de los deleites de mi huerto cerrado, en mi pegaso inquieto voy a encontrar la vida ¡Busca mi huella, hermano, por el sendero azul!
Decepción
Mariano Aguiló
19
La dolencia del alma a nadie mata, mas le hace agonizar su gran presión Cuando el dolor el corazón maltrata, se escapa por los ojos su aflicción. Mas la pena que el llanto nos desata no aminora el ardor del corazón; sus fibras moja y con rencor dilata para acopiar más cruel desolación ¡Ay, pobre del que en hora maldecida siente el amor y es del amor proscrito! ¡Le huye la muerte, mas también la vida! Vive para probar que no es un mito que, si el hombre se inflama sin medida, ¡su dolor sin amor, será infinito!
Sonetos – IV
Miguel W. Garaycochea
19
Nací y lloré sin haber aún sentido si tenía experiencia en ese estado, entré en razón, y entonces, desdichado, toda clase de penas he sufrido. Mi juventud se acerca ya al olvido; la vejez llega a paso apresurado; y de la muerte el rostro descarnado veré patente un día no sabido ¿No es, pues, la vida un don bastante triste? ¿No es un peso que abruma a los mortales? ¡Nada se sufre cuando no se existe! Esto dicen los hombres inmorales a quienes ya la religión no asiste con la esperanza en premios inmortales.
La lágrima de Satán
Julio Flores Roa
19
Del infernal abismo, con estruendoso vuelo, rasgando la tiniebla surgió Satán: quería ver otra vez la comba donde se espacia el día, ver otra vez su patria, ver otra vez el cielo! Miró durante un siglo Cuando colmó su anhelo y recordó el proscrito que allá no volvería, con honda pesadumbre la formidable y fría cabeza hundió en el polvo del calcinado suelo Después lanzó un sollozo que pareció un rugido, y luenga, azul y amarga, pugnó una gota en vano por no salir del ojo del gran querube caído. Crujieron valle y cumbre y otero y bosque y llano, porque la gota aquella, buscando inmenso nido, formó, al rodar, la mole del pérfido océano!
Abril
Carlos Mendoza
19
Terrible mes que deja en desamparo a cuantos so la capa o sobretodo disimular pudieron de algún modo la vista de su traje viejo o raro Pide la lluvia el labrador avaro y que lleguen las mieses hasta el codo; piden los limpiabotas que haya lodo y piden los paseantes que esté claro. Muy buenas de dormir son sus mañanas, mejores de pasear sus tardecicas; de amapolas y rosas castellanas hácese grande acopio en las boticas, y llegan las compañías italianas para en un periquete hacerse ricas.
El sacerdote
Eduardo de Río Franco
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¿Cree buenamente, cándido y sencillo, de lo que dice y hace la eficacia? Es un tonto -¿Lo duda, y con audacia vive engañando? -Entonces es un pillo. Ya se vistan de negro o de amarillo, como el traje no da ni quita gracia, la vileza en el uno es contumacia, la tontera en el otro es estribillo. Reverenciar a un tonto, lo hallo bajo; alimentar a un pillo, degradante; y humillarse ante un traje, majadero. Por consiguiente, desde el Papa abajo, por cómico, por necio o por tunante, le niego a todo cura mi dinero.
Soneto
Juan Cristóbal Nápoles Fajardo
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Lastimosa desdicha es esta vía; insólito pesar a mí me agobia; no tengo ni un centavo ni una novia, no próxima a morir rica a una tía. Para alegre pasar la noche fría, nadie me da un colchón ni una moscovia, y si algún tuno mi conducta oprobia, no falta quien secunde su osadía. El cólera acabó con mis deudores, ningún placer mi corazón arroba, me persiguen ingratos acreedores, nadie me quiere dar la sopa boba; y entre penas, congojas y disgustos, no gano en este mundo para sustos.
A I...
Manuel González Prada
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Tuyo es el blondo, undívago cabello, tuya la frente de marfil nevado, tuyo el andar modesto y recatado, la mórbida mejilla y rostro bello; tuyos los ojos que el vivaz destello vencen del sol en el cenit colgado, tuya la boca de coral preciado, el talle grácil y el venusto cuello; tuyo el aliento de jazmín y acacia, el gracioso decir, la risa honesta, la gallardía y la inefable gracia: mía es la angustia, míos los dolores, mío el gemir en soledad funesta y sufrir tus desdenes y rigores.
Hidalgos y morelos – I
Eduardo Peralta
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El grito de Dolores es la voz que despierta la conciencia de un pueblo sumida en el letargo, clarín de Roncesvalles que en penetrante y largo clamor, esparce al viento un infinito alerta Morelos tiene el alma para ese grito abierta; su paz de sacerdote trueca por el amargo trajín del guerrillero, y en el sublime cargo de encender en las almas la fe constante y cierta ¡Oh, sí! Cuando de Hidalgo el enemigo hiende la vida, cuando su alma al infinito asciende, parece que una herencia dejara en el suplicio; Morelos la recoge con serena mirada; bien sabe que el martirio cortará su jornada, que ha de ser de su vida, corona el sacrificio.
Fotografías
Gaspar Núñez de Arce
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¡Pantoja, ten valor! Rompe la valla luce, luce en tarjeta y en membrete y cabe el toro que enganchó a Pepete date a luz en las tiendas de quincalla Eres un necio -Cierto- Pero acalla tu pudor y la duda no te inquiete ¿Qué importa un necio más donde se mete con pueril presunción tanta morralla? ¡Valdrás una peseta, buen Pantoja! No valen mucho más rostros y nombres que la fotografía al mundo arroja Enséñanos tu cara y no te asombres: deja a la edad futura que recoja, tantos retratos y tan pocos hombres.
El capricho
Juan Cristóbal Nápoles Fajardo
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Son los ojos de Elvira matadores, su boca purpurina y muy pequeña, su nariz diminuta y aguileña y todos sus modales seductores. Al igual del carmín son los colores que hermosean su faz tersa y trigueña, su mirada muy dulce y halagüeña, y es adornada, en fin, de mil primores Es muy rica también, y por lo dicho, tiene mil aspirantes la muchacha, y ella tiene también cierto capricho. Yo no sé, vive Dios, si es mal facha, el que de noche por distintas rejas, de distintos amantes tenga quejas.
Ensueño musical
Francisco González León
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Herida la melómana pianista, por mágicos recuerdos de áureos trinos, sobre esquife de remos marfilinos engólfase en un Ponto de amatista Contemplan mis ensueños de turista del Salón los tapices gobelinos, las sepias de jarrones florentinos y el biombo que ilustro nipón artista Los ámbitos perfuma de la estancia con perfumes de exótica fragancia un corimbo de flores de Malati, y la «virtuosa» que la estírpea mano apoya sobre el ébano del piano, escucha una romanza de la Patti.
Gonzalo en la batalla de Cerinola
José Martínez Monroy
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Cierra Nemur, de su escuadrón seguido, contra el audaz ibero, que le atiende; truena el bronce, chocando el hierro esplende, retumba en torno el bélico alarido. Estrago a mil estragos añadido, en la pólvora hispana el fuego prende: ella furiosa por el aire asciende en llama y humo y hórrido estampido. Mas tú, Gran Capitán, la espada al viento, en fogoso corcel raudo atraviesas tus huestes, deslumbrando con tu gloria Y a tus leones, con alegre acento, ánimo, gritas, mis amigos, esas las luminarias son de la victoria
Estudia, trabaja, descansa – Descansa
Elías Calisto Pompa
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Ya es blanca tu cabeza, pobre anciano; tu cuerpo, cual la espiga al torbellino, se dobla y rinde fácil; ya tu mano el amigo bordón del peregrino maneja sin compás, y el aire sano es a tu enfermo corazón mezquino Deja la alforja, ve, descansa ufano en la sombreada orilla del camino Descansa, sí, mas como el sol se acuesta viajero como tú, sobre el ocaso y el astro que le sigue un rayo presta: Abre así con amor tus labios viejos y alumbra al joven que te sigue el paso ¡con la bendita luz de tus consejos!
Mi destrucción
José Jacinto Milanés
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Bien pronto ¡ay Dios! la muerte asoladora en la nada hundirá mi triste vida; mi huesa, entre mil huesas confundida, ni el sitio marcará do el cuerpo mora De otro siglo la planta triunfadora la tierra de mi tumba removida hollará con desprecio, ya perdida toda memoria de que existo ahora La misma a quien yo adoro, de la flores que el jugo tomen de mi tronco helado, respirará sin pena, ¡ay! los olores ¡Oh mundo miserable! ¿a qué me has dado? a conocer la gloria, los amores, y vivir, para ser luego olvidado.
Poemas cortos
Gaspar Núñez de Arce
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Amores y apacibles desvaríos que encendisteis la sangre de mis venas, ya tan lejanos de mi edad, que apenas tengo valor para llamarlos míos, surgid de mi pasado, y luego hundíos en el profundo abismo de mis penas, como las ondas claras y serenas que en el inmenso mar vuelcan los ríos Rasgad la negra noche de mis males cual atraviesa repentino lampo las nubes más cerradas y sombrías Y ser como las lluvias otoñales, que hacen brotar en el desnudo campo, quemada por el sol, flores tardías.
Tipo invariable
Canuto Delgado
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Si halláis un ser de inteligencia dura, con faldas negras rojas o moradas, que en su tono, su voz o sus miradas males sin cuento sin cesar augura; de ceño adusto, de intención oscura y extraño a las acciones elevadas, de virtudes dudosas nunca usadas, si bien de vicios entidad segura; si no fuese canónigo o vicario el que con tales atributos cuente, aunque haya quien sostenga lo contrario, podéis asegurar rotundamente en cualquier ocasión, tiempo o etapa, que es cura, obispo, cardenal o Papa.
Progreso
Fermín Requena Díaz
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¡Paso! dice su voz fuerte y vibrante, y el eco melodioso allá retumba, en el místico arrobo de la tumba y en el mundo que bulle discordante. ¡Paso! dice, incansable caminante, y con la furia de huracán que zumba, arrastra las maldades a ultratumba, enarbolando la verdad triunfante. Coge del bien la germinal semilla, y tras su verde y celestial aurora la estrella del amor, fulgente brilla: Dando su resplandor a toda hora, siendo faro de mares en la orilla, y en la tierra voraz locomotora.
XIII
Julio Flores Roa
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Te di el perdón y te alargué mi mano; tú me juraste redimirte, al verte libre de Mal, y lejos de la Muerte y de la podre del comercio humano. Te salvé del abismo, del insano foco en que te podrías como inerte piltrafa en feria; trastoqué tu suerte, sin ambición, sin interés liviano ¿Y has caído de nuevo en el pantano; y a pedirme perdón vienes ahora? ¿Y otra vez vienes a jurar en vano? ¡No más disculpas de ocasión murmures! ¡Llora, sí, llora mucho! ¡Llora, llora! Y ven, si quieres pero nada jures.
Un incrédulo de mis versos
Ambrosio Echemendia
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Tú, que a mis versos niegas despiadado, su único valor, el que son míos, ¿calmarás tus dudosos desvaríos, por mi rudo soneto improvisado? El cuarteto primero está formado, y siguiendo a Mendoza sin desvíos, con sentimientos crédulos y píos el segundo (dirás) lo ha rematado. Pobreza, esclavitud, dolor maldito «terceto cruel de mi primer terceto» formaré de tu duda el requisito. Pero al segundo muéstrame respeto por que entonces sin dudas es prurito, o clávenme en la frente mi soneto.
Soneto
Lutgarda Mirabal
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Tú que pasas aquí, céfiro amante, rizando fuentes y halagando flores, a unas el alma hurtando en sus olores, y a las otras frescor refrigerante. Detén el vuelo y óyeme un instante, que un mensaje tiernísimo de amores, fiar quiero a tus alas, de rumores henchidas siempre, en tu girar constante. Hacia allá, cefirillo, por do helado viene el Bóreas silbando un ser respira, que es ¡cuál nadie lo fue! céfiro amante; bien que adorando por dudar suspira; pues bien: vuela hasta él y allá en son tierno dile: «tuyo es su amor, tuyo y eterno»
Íntimo
Teobaldo Elías Corpancho
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Arcángel de mi hogar, alma piadosa para el amor y la virtud nacida; bajo tus alas trémulas mi vida auroras tiene de zafir y rosa Pero lejos de ti, noche espantosa sólo ve mi mirada entristecida, sin blanca luna que a evocar convida las dulces horas de la edad dichosa ¿Y tú me olvidarás? ¿No habrá un acento siempre en tu corazón que a mí responda en efluvios de casto sentimiento? No es anhelo de loco desvarío; mas si en tu pecho la pasión no es honda, ¡hazla que sufra como yo, Dios mío!
A Rosa
José López Báez
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Te dieron sabiamente, Rosa mía, el nombre a que contestas orgullosa, pues eres, en verdad, como la rosa toda color, perfume y lozanía. Tus labios fuente son de mi alegría, y a la luz de tus ojos no hallo cosa que no se me aparezca fulgurosa con un vago esplendor de mediodía Siempre volando a ti va me suspiro, y el horizonte a mi anhelar se cierra donde concluye de tu falda el vuelo, que en ti cifrado el universo miro; más allá de tu planta no hallo tierra; más allá de tus ojos no hallo cielo.
Soneto
Joaquín Blengio
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Del soneto a sus reglas ajustado, un concepto no más forma la esencia, con natural fluidez, fácil cadencia y creciente interés desarrollado. Verso escabroso, débil o esforzado no permite su rígida excelencia, ni ripio, ni poética licencia tolera su artificio delicado Fútil detalle empaña su decoro; frase ociosa marchita su frescura, voz repetida suena en su desdoro: Dese nobleza y gracia a su estructura, y si al concluir la cierra llave de oro, será Soneto en toda su hermosura.
Soneto
Julio Flores Roa
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Calló el mancebo, y con la faz helada por la brisa nocturna, tristemente llegóse al banco, mudo confidente que gozó el dulce peso de la amada Absorto le seguí con la mirada a través de las hojas, de repente, postróse de rodillas y, doliente, de su boca brotó una carcajada Yo, respetar queriendo sus querellas, por las calles del parque medio oscuras torné siguiendo mis recientes huellas Alcé los ojos y ¡radiantes, puras, me pereció que todas las estrellas lloraban de dolor en las alturas!
Julián del Casal
Carlos Póo Urbach
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Amó el brillo sutil que reverbera aureolando las joyas fulgurantes, los místicos deleites enervantes, la tarde, de los sueños mensajera Con el matiz de rubia cabellera, o el iris de las sedas espejeantes, forjó sus tersas rimas deslumbrantes moldeando el verso como dúctil cera. Cruzó cual encendido meteoro, con radiaciones fúlgidas de aurora el firmamento azul de Poesía; a sus estrofas de bruñido oro ungiendo con la esencia soñadora alma de vesperal melancolía
El último amor de Safo
Mercedes Matamoros
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¡Vengo a ofrecerte mi mayor tesoro! ¡Vengo a brindarte mi glorioso encanto! ¡La que recoge de mi amor el llanto! ¡La que te dice sin cesar: te adoro! ¡Es mi lira! La dulce lira de oro con que tu hechizo irresistible canto; cuyos himnos en gozo y en quebranto son ruiseñores que te forman coro. En ella enlazo notas y colores, porque a tus plantas elocuente sea símbolo de mi vida y mis amores; ¡qué es en mis manos la vibrante lira, flor que se abre, llama que chispea, onda que ruge, cisne que suspira !
LAKANG-DULÁ
Fernando María Guerrero
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Surgiendo del sarcófago enlutado Como una antorcha de oro relumbrante, Se irgue con la pujanza de un gigante La figura de un rey infortunado. No alegre, no, su rostro bronceado La sonrisa del déspota arrogante; Gotas de fuego queman su semblante Por el sol de Malasia iluminado. ¡Es que su orgullo de Raja le enciende, Es que mira a su virgen Filipinas, La perla de su amor, triste y llorosa!,.. Y al contemplarla así la mano tiende, Y después de arrancarle las espinas, Increpa a su opresor desde la fosa
Regeneración
Francisco Javier Ugarte y Pages
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Pronto, pronto, Señor, ven en mi ayuda mira que de tu amparo necesito, porque, víctima y reo de delito, ni el bien disfruto, ni tu ley me escuda Vencido estoy en la batalla ruda y de tu reino celestial proscrito; si oyes mi triste, desolado grito, tu enojo calma y mi destino muda. Clavado por mi culpa en vil madero, con tu sangre bendito y perfumado, amor me ofreces y perdón espero. Sálvame de la afrenta del pecado y muéstrame el más corto derrotero para llegar Ti ¡regenerado!
La última novia
José María Bustillos
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Se va, cantando la ilusión primera: el ideal de la niñez riente Se va, después, la virgen inocente: el ideal del alma en primavera. Se va tras ellas la mujer sincera y la siguen la tímida, la ardiente ¡Todas se van! y el alma indiferente, al mirarlas partir, calla y espera. Queda la juventud Apasionada nos sigue, con sus besos nos agobia, y al festín de la dicha nos convida ¡Y se aleja también triste y cansada! Que es, ay, la juventud la ultima novia que engaña al corazón y que lo olvida
La sementera
Francisco Javier Ugarte y Pages
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Ni Dios, ni ley, ni hogar ¡A la pelea! Destruir y robad hasta la hartura; no respetéis altar ni sepultura,- el bárbaro grito ¡Maldito sea! Por él sembrada, germinó la idea, y a recoger el fruto se apresura, que ya en los aire ser puñal fulgura al resplandor de la incendiaria tea Enrojece la sangre las astillas del taller, el palacio y el convento ¡Odio, muerte, exterminio!: las semillas que a los surcos del crimen llevó el viento -¿Y aun haréis, mandarines y golillas, libre, inmune, sagrado el pensamiento?
La declaración
Mercedes Matamoros
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¡Tras la cita de ayer, por el camino voy con el corazón regocijado, hallando en cuanto miro, retratado, ¡oh, Faón, tu semblante peregrino! Veo en el clavel tu labio purpurino, tu blanca frente en el jazmín nevado, tus ojos son el cielo abrillantado, y el sol refleja tu mirar divino! ¡Mas recuerdo tu voz! Y no hay murmullo de brisa musical, o grato arrullo de onda pura, o tímido reclamo, que puedan igualarse al blando acento con que el oído, en celestial momento, trémula me dijiste: «¡Yo te amo!»
Enclaustrado
Carlos Póo Urbach
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Sólo en mi corazón reina el hastío como un déspota audaz que se entroniza; lo que ayer me sedujo, hoy me horroriza, y encuentro el mundo en derredor vacío. La nostalgia del claustro mudo y frío en mi alma soñadora y enfermiza, como fragante flor, aromatiza las ansias de mi espíritu sombrío ¡Ay!, yo aspiro a las dichas ideales; los efímeros goces terrenales engendraron el tedio en mis placeres Pueblan mis sueños vírgenes con tocas, y no me encienden las sangrientas bocas con que besan las pálidas mujeres.
El gallo
Manuel José Othón
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Hombre, descansa De tu hogar ahuyento el nocturno terror y estoy en vela Sombras de muerte cuyo soplo hiela, con mi agudo clarín os amedrento. Huya la luz y te descuide el viento por preludiar su dulce pastorela Contra el mal, poderoso centinela, a su paso espectral estoy atento. No te inquiete el horrísono alarido que escuches en tu sueño por la llana pesadilla maléfica oprimido Ya pondrá fin a su croar la rana, y yo con alegrísimo sonido, entonaré la vencedora diana.
A una ingrata
Plácido
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Basta de amor, si un tiempo te quería, ya se acabó mi juvenil locura, porque es, Celia, tu cándida hermosura como la nieve, deslumbrante y fría. No encuentro en ti la extrema simpatía que ansiosa mi alma contemplar procura, ni entre la sombra de la noche oscura, ni a la espléndida faz del claro día Amor no quiero como tú me amas, sorda a mis ayes, insensible al ruego; quiero de mirtos coronar con ramas un corazón que me idolatre ciego; quiero abrazar una mujer de llamas, quiero besar una mujer de fuego.
A mi virgen
Juan Martínez Nacarino
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No me atrae hacia Ti mi hondo quebranto, ni el hallarme tan solo y abatido, que Tú, Virgen del Carmen, siempre has sido mi amor más puro y mi mayor encanto. Mas si en horas felices te amé tanto, y tu divino amor busqué rendido, ahora que estoy tan triste y dolorido, ¡cómo no he de acogerme a tu amor santo! ¡Y ya que tu hermosura me fascina, consérvame la vista y la memoria para llevar grabada en la retina, cuando deje esta vida transitoria, la dulce imagen de tu faz divina, celestial anticipo de la gloria!
La redención
Rafael María Baralt
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Cuando del pecho en la garganta helada sube de Cristo el postrimer aliento, para los orbes su feliz concento y absortos miran la fatal jornada Del impío Lucifer en la morada suena aquel grito en tremebundo acento y el rayo vengador penas sin cuento fija en su mente de terror postrada Mas luego alzando la incendiada frente de sierpes nido y de furor insano: «¿De qué os sirviera maldecida gente, la fruta de Eva, que os brindó mi mano? Dijo y bramando, en su dolor profundo, al Dios maldice Redentor del mundo.
Idilio salvaje – II
Manuel José Othón
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¿Por qué a mi helada soledad viniste cubierta con el último celaje de un crepúsculo gris? Mira el paisaje, árido y triste, inmensamente triste Si vienes del dolor y en él nutriste tu corazón, bien vengas al salvaje desierto, donde apenas un miraje de lo que fue mi juventud existe Mas si acaso no vienes de tan lejos y en tu alma aún del placer quedan los dejos, puedes tornar a tu revuelto mundo Si no, ven a lavar tu ciprio manto en el mar amargísimo y profundo de un triste amor, o de un inmenso llanto
Super fluminem
Manuel del Palacio
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Burlándose del piélago bravío, y de joyas magníficas cargado, con viento en popa y pabellón izado vi romper las espumas un navío. No lejos de él, inútil y vacío de cuatro tablas a lo más formado, débil esquife contemplé, llevado por un remero sin vigor ni brío Súbito ruge el huracán furioso, y en la costa el esquife ya a cubierto mira estrellarse el buque poderoso: Tal es de la fortuna el fallo cierto; el humilde se salva el orgulloso tan sólo por milagro gana el puerto
Al Conde de Cavour
Jacinto Labaila
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Una gran esperanza con su aliento tu laboriosa vida embellecía, luz poderosa que en tu mente ardía, alumbrando el gigante pensamiento De esa luz al lejano oscilamiento tu mirada de águila veía que Italia, como ayer, se engrandecía imprimiéndola tú, tu movimiento ¡Quién pudiera pensar que tú tuvieras por contrarias la muerte y la fortuna, aliadas contra ti viles y arteras, abriéndote las dos tumba importuna! Toda la Italia, toda, si vivieras sería hoy libre, independiente y una
Variante del anterior
Rafael María Baralt
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Mares de luz por la sonante esfera, triunfador de la noche, el carro de oro lanza del sol, y su perenne lloro suspende el mundo y su aflicción severa Dichosa al firmamento va ligera, cual despedida flecha audaz condoro, y esparce al viento su cantar sonoro del umbroso pensil ave parlera Y la tierra y el mar y el claro cielo en alegre bullir hierven de amores, cuando fecundo el luminar su vuelo ¿Quién la lumbre te da? ¿Quién los ardores? El ser a quien tu luz, que nos asombra, es fuego sin calor, es mancha, es sombra.
Ante unas cartas
Mercedes de Velilla Rodríguez
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No ajadas por el tiempo, como el día en que amor o doblez os escribieron, os mostráis a mis ojos, que tuvieron en vosotras su luz y su alegría Olvido injusto y esquivez impía mi pobre corazón rasgar pudieron; pero yo no os rasgué, que os defendieron mi fiel cariño y la constancia mía Aún guardáis, como resto de ventura, ¡hojas en que mi amor logró su palma! promesas y palabras de dulzura. Y diréis siempre a mi dolor sin calma que en un frágil papel subsiste y dura lo que tan pronto se borró de un alma
Madre y fiera
Mercedes de Velilla Rodríguez
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A su ley te rindió Naturaleza, de la pasión irresistible al grito, y huyes del mundo, juez de tu delito, a ocultar tu desdicha y tu flaqueza. Un inocente que a vivir empieza, sin nombre, sin hogar, quizás maldito, yerto y temblando, cual jazmín marchito, sobre tu pecho inclina su cabeza. Reanímale el calor de tus abrazos; que si es acusador de tu caída, tu alma sujeta con amantes lazos; y en tu misión augusta, ennoblecida, sufriendo por su amor, desde sus brazos puedes volver al mundo redimida.
En tempestad sin tregua de bonanza
Julio Zaldumbide Gangotena
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En tempestad sin tregua de bonanza sufrir, llorar, de amor la pena dura, sin ver para más grande desventura ni en tu esquivez ni en mi dolor mudanza. Fingir acaso en bella lontananza dichoso porvenir a mi tristura; ver luego disiparse su luz pura, y, cual siempre, quedar sin esperanza Aqueste es mi destino, Delia impía Mas, tú contemplas con desdén mi llanto ¡Ay! Si has de ser de piedra a la agonía del pobre corazón que te ama tanto, ¿de qué me ha de servir esta traidora llama que en él prendiste y le devora?
Puerto desconocido...
Tomás Morales
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Puerto desconocido, desde donde partimos esta noche, llevándonos el corazón opreso; cuando estamos a bordo, y en el alma sentimos brotar la melancólica ternura del regreso Silencio; tras los mástiles la luna, pensativa, en las inquietas ondas su plenitud dilata; y en el cielo invadido por la pereza estiva, las estrellas fulguran como clavos de plata ¡Oh, sentirnos tan solos esta noche infinita, cuando, acaso, un suspiro de nuestra fe marchita va a unirse al encantado rumor del oleaje! Y emprender, agobiados, la penosa partida sin que un blanco pañuelo nos de la despedida ni haya una voz amiga que nos grite: ¡Buen viaje!
A la fraternidad de españoles y americanos
Manuel del Palacio
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Si hubo una edad en que por vil flaqueza, envidia ruin o miserable saña, entre los hijos de la noble España levantó la discordia su cabeza, hoy que la nube a disiparse empieza y el mismo sol de libertad les baña, unidos todos lograrán la hazaña de restaurar su nombre y su grandeza Del Ebro al Orinoco, del Yapura al Tajo, de la Plata al manzanares, el iris de la paz doquier fulgura: ¡Paz! resuena en discursos y cantares; y en ofrenda de amor sublime y pura, ¡Paz! repiten los montes y los mares.
En el segundo centenario de D. Pedro Calderón de la Barca – X
Numa Pompilio Llona
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¡Buzo inmortal del corazón humano! Cuando en su oscuro fondo hundes la frente, a tu mirada muéstrase patente de su anchuroso abismo todo arcano: Al remontar el piélago, tu mano la perla lleva de risueño oriente, mas divisaste en la onda transparente los horrendos colosos del océano De tu Justina y Príncipe Constante la virtud brilla como mal en guerra, cual bajo el hierro el fúlgido diamante; y, víctima del monstruo de los celos, mira en tus dramas, a la vez, la tierra, grandes como el de Shéspir cinco OTELOS!
Caridad
Manuel del Palacio
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En medio del fragor de la pelea vierte en los corazones el consuelo; cubre la peste la ciudad de duelo, y ante el peligro impávida pasea. Del incendio al brillar la roja tea sofocarla o morir busca en su anhelo, al débil da valor, y alza del suelo a quien cansado y trémulo flaquea ¡Sublime caridad! ¡Virtud preclara! La huella de tu paso a Dios nos guía y es venturoso aquel que en ti se ampara De todo eres capaz y si algún día el sol que nos alumbra se apagara, la llama de tu amor lo encendería.
Soneto
Mercedes de Velilla Rodríguez
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Logré al fin con esfuerzo sobrehumano a la cumbre subir de esta montaña: muéstranse abajo, en pequeñez extraña, el bosque espeso, la colina, el llano Con cendales de púrpura engalano mi frente altiva que en la luz se baña; la estrella de la tarde me acompaña, y el sol declina cerca de mi mano. Y por subir aún más lucho y porfío: que es la más alta luminosa cumbre la que en mis sueños escalar ansío: En donde el sol del genio me deslumbre, y de él recoja el pensamiento mío siquiera, un rayo que al morir me alumbre.
Mi sencillo sueño
Nicolás Arnao
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No profundizo místicas honduras por temor de quedar petrificado, y de Minerva, húyole al cercado como el suave arroyuelo a las alturas Yo canto cual el ave las ternuras al sutil murmurar del arbolado, o del amor el cielo ilusionado de afanes llenos, cual de galanuras Escasos mis pinceles de madejas con hilos de oro del donoso artista, voy rezando de antiguas candilejas. a la luz vaga, en la perdida pista Y al natural, sin lienzo ni diseño, alegre copio mi sencillo sueño.
El insomnio
Gabriel García Tassara
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El rayo azul de la naciente aurora penetra ya la espesa celosía, y huye al sonar el cántico del día de las tinieblas la glacial señora Y en vano el sueño y la quietud implora del cielo sordo la plegaria mía; sufra también del mundo en la alegría el que del mundo la tristeza llora Fiebre, insomnio y delirio y mi despecho los genios son que sus fatales teas en torno vibran de mi ardiente lecho Ven con la eternidad si esto deseas, hiere mi sien, sepúltate en mi pecho, y, ¡oh sueño!, ven aunque la muerte seas.